Combustible para los pobres

No solo quieren subirle el precio a la gasolina mediante la aprobación de más impuestos sino que tienen el descaro de decir que la medida pretende ayudar a los más pobres.

trenEn la campaña de referendo el presidente Arias les prometió a los trabajadores de las fábricas que si se aprobaba el TLC podrían cambiar sus carros hyundai por mercedes benz y sus bicicletas por motos bmw. Pero por lo visto los trabajadores costarricenses más bien vamos a tener que olvidarnos de los carros y las motos y acostumbrarnos al autobús.

Y es que las mil cabezas pensantes del régimen de los hermanos Arias Sánchez decidieron enfrentar la crisis energética subsidiando el diesel para, según dicen, ayudar a los pobres que se transportan en autobús y, de paso, como una ecuación económica perfecta, beneficiar también a los ricos que transportan sus productos y a los que tienen carrotes de lujo.

Los furgones y los camiones, que causan la mayor contaminación, el mayor daño a las carreteras, así como el mayor riesgo a la seguridad, tienen la suerte de compartir el diesel con los más pobres, entonces van a pagar menos impuestos, por lo menos mientras los demás costarricenses nos acostumbramos a andar en bus, momento en el que tendrían que ver de qué otra forma nos cobran el subsidio al diesel.

Hace dos años, cuando el Gobierno podía darse el gusto de ofrecer el cielo y la tierra, nos decían que en dos años tendríamos un tren rápido operando en la gran área metropolitana. A estas alturas resulta evidente que esa promesa de nuestro capitán también naufragó en la tempestad alimenticia y energética de la globalización. La nueva promesa, mucho más modesta pero igual de volátil, es que el gobierno va a hacer todo lo posible por mejorar el servicio de autobús. Ese es el compromiso de un gobierno que gastó ¢100 millones publicitando unas líneas intersectoriales que nunca arrancaron.

Al final de cuentas, el servicio de buses en Costa Rica no es tan malo, sino que lo diga la ministra de transportes que, emulando al ministro de vivienda que durmió una noche en un tugurio, un día de estos se subió a un autobús modelando su mejor sonrisa ante la prensa para que los pobres no nos sintamos tan miserables.

Idiotas sí, pero no miserables.

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