La multimillonaria iglesia católica

Voy a decirlo así: la iglesia católica costarricense, que supuestamente se inspira en las enseñanzas de Cristo, le quita la plata a los pobres para entregársela a los ricos.

monsenor_hugo_barrantesDe acuerdo a un reportaje publicado por el Semanario Universidad en su edición del 06 de agosto del 2008, en la actualidad la iglesia católica costarricense tiene cuarenta mil millones de colones navegando en las turbias aguas del capitalismo, enriqueciendo a comisionistas y especuladores.

La iglesia católica es multimillonaria y al igual que el negocio de la política el negocio religioso produce pensionados de lujo, obispos con pensiones que superan el millón de colones y que se dan con una piedra en el pecho en nombre de los pobres.

La empresa que administra el sagrado capital es el Grupo Sama que, entre otros intereses muy peculiares, controla el lucrativo negocio del licor en Costa Rica. De hecho, recientemente la iglesia católica se convirtió en la principal accionista de ese cartel económico del que también forman parte las empresas del presidente Oscar Arias Sánchez.

Declarada por la Constitución Política como religión oficial del estado costarricense, país en el que mueren de hambre 17 niños por año, la multimillonaria iglesia católica está exonerada de pagar impuestos, además de que su platita la invierte en bancos internacionales off shore que operan al margen de la ley y que por consiguiente no generan ningún beneficio para Costa Rica.

Además de poderío económico, la iglesia católica costarricense, al mezclarse con el Grupo Sama, el consorcio empresarial más influyente de Costa Rica, estaría asegurándose también una buena tajada de poder político.

Paralelamente, mientras aumenta el poder económico y político de la iglesia, disminuye su autoridad moral para predicar el evangelio de Cristo. Cuestiones como el amor al prójimo, la humildad, la compasión y la ayuda al necesitado pasan a un segundo plano desde el momento en que la iglesia acepta como cierto que para cumplir con su ministerio debe rendirle pleitesía al dios dinero.

Un ejemplo evidente del sometimiento de la iglesia católica al dinero lo encontramos en la pasada campaña de referendo del TLC. Oscar Arias, presidente de Costa Rica y principal impulsor del acuerdo comercial, temiendo una posición contraria a sus intereses presionó por todos los medios a la iglesia para que se mantuviera al margen de la discusión del TLC.

Y la iglesia católica así lo hizo. Guardó silencio para no poner en riesgo su dinero. El TLC podía ser malo para la mayoría de los costarricenses pero muy bueno para los negocios de la iglesia, que ya para ese tiempo había puesto todo su capital en manos del Grupo Sama.

Tengo que decirlo así aunque no le guste a medio mundo. La iglesia católica costarricense no tiene autoridad moral para guiar mediante el ejemplo a su rebaño pero gracias a su escandalosa relación con la oligarquía gobernante cuenta con el poder suficiente para imponer su moralismo: dadle al rico lo que es del rico y al pobre lo que es del pobre.

Al rico más dinero y al pobre fe.
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