Bendito TLC

Tenemos razones de sobra para celebrar. Costa Rica aprobó el Tratado de Libre Comercio. Sin embargo, somos tan humildes que vamos a guardar las celebraciones para después.

Pero sí debo decir que me siento feliz y orgulloso. Nuestra gran alianza ciudadana demostró que con dinero todo es posible.

Dimos un paso hacia adelante. Si las exportaciones venían creciendo, ahora que estamos oficialmente globalizados van a aumentar el doble, de forma que en cinco años habremos acabado con el desempleo y con los hyundais.

Nunca voy a olvidar el día del referendo. Fue una verdadera fiesta cívica. El pueblo se hermanó, los ricos trabajaron al lado de los pobres como nunca antes lo habían hecho.

No solo el día del referendo fue especial sino que todo el proceso resultó enriquecedor. Mi jefe llevó expertos a la empresa para que nos explicaran las ventajas del TLC, e insistieron tanto con el tema, que por primera vez me sentí importante.

Las instituciones democráticas se robustecieron saludablemente con la celebración del primer referendo de nuestra historia. El Tribunal Supremo de Elecciones se comportó a la altura, pasó la prueba de fuego, nos garantizó justicia y equidad, y ahí está el ecuánime José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, para confirmarlo.

Confieso que en algún momento tuve miedo. Los del NO hacían tanta bulla que me parecía que la batalla estaba perdida, pensé que Costa Rica caería en manos de los comunistas, que terminaríamos como Cuba.

Pero ahora con el referendo ya no hay duda. Los verdaderos demócratas seguimos siendo mayoría, una mayoría indiscutible que solo es superada por las personas que se abstienen de votar.

Es cierto, tal vez no fuimos los que trabajamos más, pero sí trabajamos hasta el final, incluso durante los días de tregua electoral. Además, supimos trabajar en equipo: Costa Rica y Estados Unidos juntos una vez más.

En momentos en que nuestro destino pendía de un hilo, después de años y años de ingobernabilidad, la divina providencia atendió nuestras súplicas y nos bendijo con la reelección del premio Nobel de la paz, Oscar Arias Sánchez, un presidente de armas tomar.
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