Sigue la represión

Cuando no ocultan su deshonra detrás de vidrios oscuros, las fuerzas opresoras se escudan en un ejército policial que actúa contra los manifestantes como si estuviera lidiando con terroristas.

El 07 de noviembre del 2007, día de nuestra democracia, el ejército costarricense se mantuvo en alerta roja para reprimir las actividades de protesta que se llevaron a cabo en distintos puntos del país.

La mayor concentración de efectivos se dio en los alrededores de la Asamblea Legislativa, donde cayeron de la nada más de cien oficiales, en su mayoría de las fuerzas de choque, y la emprendieron a macanazos contra los manifestantes para que se alejaran de la entrada del edificio.

Anteriormente los manifestantes, que no superaban las doscientas personas, habían estado protestando frente a las instalaciones del INS y del TSE sin que ocurriera ningún incidente.

Aunque parecía que la misión de los uniformados era enfrentarse a los manifestantes, después se supo que, precisamente en el momento en que estos llegaban al lugar, se dio una alarma de bomba en la Asamblea, y tan en serio fue tomada la llamada anónima, que se ordenó evacuar el edificio por una de las salidas laterales.

Si bien la alarma de bomba no pasó de una simple payasada más, como muchas otras que se han montado en los últimos meses, la situación podría prestarse para que la Asamblea Legislativa vuelva a redoblar las medidas de seguridad en perjuicio de las personas que llegan a manifestarse en las barras del público.

El fin de semana anterior, aprovechando los días libres, el Directorio Legislativo mandó a oscurecer los vidrios que separan las barras de público con el Plenario, de forma que los diputados no puedan ver hacia el exterior, así como dificultando la visibilidad de afuera hacia adentro.

Además, pintaron color café todas las ventanas de la sección de barras, eliminando todo tipo de luz natural, y aquellas que podían abrirse para ventilar el lugar las inutilizaron pegándolas con clavos a los marcos. También, como parte de las medidas inexplicables, ubicaron al mismo nivel las dos hileras de las bancas del público, cuando antes las traseras estaban a un nivel superior para permitir una mayor visibilidad.

Igualmente, alrededor de cuatro agentes de seguridad permanecen atrincherados en las barras vigilando y restringiendo los legítimos derechos de los visitantes.

Esas condiciones, así como el olor a pintura que todavía se respira en el lugar, le han hecho ganarse a las barras, entre otros, los calificativos de “ratonera”, “catacumba”, “cámara de gases”, etc.

A pesar de ello, los sectores sociales que se han mantenido en pie de lucha continúan colmando las barras del público, y no se dejan intimidar por el equipo de seguridad de la Ásamblea, que entre otras prácticas persecutorias se ha dedicado a levantar listas negras, con fotografías y videos, de las personas que asisten a las barras.

Desde que el presidente Arias asumió el poder, la política costarricense se convirtió en un asunto de manipulación de masas, y en ese escenario, gracias a la complicidad de los grandes medios de comunicación, se han dado situaciones verdaderamente grotescas, “falsas alarmas” sobre intentos de secuestro de ministros e incluso de asesinato del presidente que, al final de cuentas, solo han servido para disfrazar la militarización de un país que se vanagloria de su civilismo.

Agentes de seguridad
Vidrios oscuros Ventanas pintadas
agentes_seguridadvidrios_oscuros
ventanas_pintadas
Asamblea Legislativa
TSE
INS
manifestantes_policias manifestantes_tse manifestantes_ins

Más imágenes de la abrupta intervención policial en Galerías.
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