Refugio de vagos

Señal vago

No sería justo generalizar diciendo que todos lo funcionarios públicos son iguales, pues casos sobran que demuestran que por dicha no es así, pero no hay duda que la administración pública es el nicho por excelencia para que trabajadores vagabundos y mediocres encuentren refugio.

Desde la creación del sistema estatutario de empleo público en Costa Rica los legisladores advirtieron que la estabilidad que cubriría a los funcionarios podría deformarse hasta llegar a convertirse en una especie de garantía de inamovilidad a favor de los sinverguenzas.

En respuesta a esa posición se argumentó que la estabilidad era relativa, en el sentido de que la misma ley contemplaba la posibilidad del despido con justa causa, y ciertamente la vagancia podría constituir causa justa.

¿Cuál es el problema entonces? Que aunque existen mecanismos para disciplinar y despedir a funcionarios ineficientes, con demasiada frecuencia a las jefaturas les tiembla el pulso para tomar medidas concretas en esa dirección. Les gusta que les paguen y que se les trate como jefes, pero no asumen la responsabilidad que les corresponde.

Es cierto que iniciar un procedimiento disciplinario contra un subalterno no es nada bonito. El procedimiento puede resultar complicado y agotador. Todavía más complejo si se funda en una causal como la vagabundería, tan difícil de determinar en algunos casos.

Lo ideal sería, por supuesto, que el procedimiento administrativo se considere como la última opción, cuando se hayan agotado los mecanismos de corrección pertinentes, pero si estos no dan resultado, la obligación de la jefatura respectiva es la de iniciar el procedimiento disciplinario que corresponda, de otra forma estaría realizando una mala gestión y sería cómplice en el despilfarro de recursos públicos.

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